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Kagutsuchi.

Empiezo llorando consolada, explicando al mundo que la presión pudo más que los abrazos olvidados. Siempre me dijeron que una herida duele más cuando se está curando. ¿por qué dudarlo? Viendo cómo a cada corte me crecían más las alas. Y las lágrimas, confusas, bifurcaban en seda roja. Ahora han pasado eones desde la última palabra que, carente de cautela, me escupiste al corazón. Si desde que te vi me gustó la forma en que me desvelabas con el café de tus ojos ; sin invitarme después a tu vida, claro. Y de qué manera te ibas defendiendo, ante todo, el victimismo de Caperucita y lo brutal del lobo. Con muy pocos solsticios, y en compañía de tus ojeras con cafeína , has quemado más corazones que campos secos el verano. Una persona muy armada, pero no de valor, que arrasa los recovecos de esta existencia caduda. Unos labios gélidos, ardientes como Kaguts...

Entropía.

Igual que mi futuro a tu lado se resbaló el último mechón de tu pelo ya quemado; nos miramos, sólo queda un silencio ensordecedor. Con la sutil dulzura de un cisne, que sabe que no va a sobrevivir a otro invierno nuclear , lo tomo y te lo devuelvo. Tú sonríes, esto es una entropía , y me lo regalas a modo de recuerdo eterno. Yo lo rechazo, cariño , te aseguro que la eternidad está de nuestro lado. Asiente tu media sonrisa fingiendo tranquilidad. Responde mi cálido abrazo fingiendo que todo estará bien. Nos condenamos los miedos y nos comemos los pecados, me haces tan tuya que ya ni me pertenezco. Viéndonos caer, disfrutando del paisaje, que la senescencia solo se vive una vez. Leyendo a Quevedo con ropa de más, identificando un polvo enamorado; pero cuando este se moja, no resulta más que fango. Y tú no parabas de llover. Sé que pensabas  en mi sintiendo el terciopelo...

La princesa hebrea.

Hacía mucho que nadie hablaba, ni preguntaba, por la princesa hebrea que tantas noches me habla. ¿Es un esbozo de tu sonrisa eso que veo en el techo? Te prometí llevarte en un abrazo a las estrellas y ahí estás; en cada una de las de mi habitación, todas puestas en tu orden favorito. ¿Tienes un rato? Sé que para mí siempre lo tendrás... Ojalá repetir esas tardes dándole amor a insectos que a todos repugnaban; menos a nosotras, claro. Que te quiero , ya lo sabes, más de lo que te imaginas. Pero no logro perdonarte; que me dejastes aquí, en un mundo insulso y sin nadie para compartir. Que no tenías que irte tan lejos cuando yo te habría llevado a la misma luna, con tal de verte brillar como siempre . Que lo de tus pecas era envidia sana, que en ningún otro pómulo habrían quedado mejor. Me voy a ahorrar un final para un historia que no lo tiene. Me despido y esp...

Rutina.

Este libro ya acabó hace cientos de días y, sin embargo, sigo leyendo su final una y otra vez como si por casualidad fuera a cambiar su desenlace. La historia de una pobre loca que hace tiempo perdió su techo; y ahora anda desamparada bajo la lluvia y las estrellas. Y parece que aquí no haya un alma, quizá no la haya, solo un tiempo frío. Los instantes se hacen eternidades constantes; y los segundos se congelan como gotas de rocío. Llevo eones sin leer cuentos felices, ni historias de amor que acaben bien. ¿Será el cielo el que es siempre oscuro o son mis recuerdos los que me engañan? Algo de luz debe de haber en mí para que siga buscando monedas en los fondos de las fuentes; como si fuera a encontrar algo... Pero el agua es tan opresiva que me duele el pecho a ratos, aunque ya no sepa si contiene algo a es un cadáver lo que ahí yace. Es como si ya no hubiera rumbo, como si solo me dejara llevar p...

A ras de suelo.

¿Qué voy a decirte que ya no sepas? Si cuando suspiraste, todo el invierno se concentró entre tus labios. Que hasta los pájaros que se pararon a mirarte, murieron congelados. Que sé que es Noviembre, un mes frío, pero no puede acabarse todo aquí. Que sé que tus fantasmas juguetean entre tus sábanas sin dejarte dormir. Que los recuerdos se te enredan en las pupilas, que un día brillaron como el jaspe, y te atormentan. Pero cariño, No puedes abandonarlo todo al azar. Que nada ha sido nunca fácil para ti, que lo entiendo. Pero no puedes permitir que una tristeza tan grande como la de tus ojos, aflija a todas las estrellas; incluido el sol. Tú, que brillaste como el fuego segundos antes de que lo apagaran. Has volado demasiado alto, como para estar a ras de suelo.

Las 10 palabras.

La epifanía que provoca dentro de mí, cuando le veo impasible girando la esquina. Su voz a cualquier hora un sonido melifluo irrefutablemente digno de M . Su sonrisa como balada, compuesta en clave de Fa junto a un espejo; sentimiento inefable. A cada época , a cada movimiento sonámbulo, a cada cuál más y más bello. Y buscándole alguna debilidad, me encuentro la serendipia de sus sueños por cumplir. Y la limerencia, a la que me somete, la comparo con lo etéreo de su mirada. Y aparece el arrebol de sus poderosas pupilas, que siempre desemboca en mágica  iridiscencia. Y de nuevo M, junto a mil y una  formas de describirle.

Su sonrisa y otras adicciones.

Una vez me dijeron que el cielo lloraba cuando me veía triste ; desde entonces no veo la lluvia igual. Ahora me gusta acunar cada gota, dejar que me cale hasta el corazón, ser como un iceberg a las puertas del infierno, esperanzada con que alguien escriba sobre mí cuando muera . Realmente esa sonrisa era mágica, de otro universo; y benditos sus dientes que habían cumplido más deseos que los de león. Entonces era casi verano y tú una persona estupenda, yo podía haber sido lo que quisiera y decidí ser yo misma. Me habría encantado congelar el tiempo, pararlo y deformarlo a gusto propio, pero es algo libre como tu mirada en medio de un sonrisa. Como el alpinista de esa boca reservada, que se arriesga a escalar sin cuerdas de sujeción con esa creencia ciega de que no caerá; y de que no le dejarás caer.