Así como Diego Ojeda: Nunca quiero que te vayas y no quiero que te vayas nunca. Que estoy dispuesta a clavarme tallos de girasoles muertos en los ojos, solo para sentirte mejor. Y eso de las cuencas vacías era una excusa que se desmentía a base de lágrimas. Lo que no sabes aún es que llevo cuatro primaveras escribiendo por algo así, esperando una oportunidad, recogiendo los jazmines secos que dejó la mayoría de edad. Que nunca quiero que te vayas y no quiero que te vayas nunca. Que todo lo que necesito de mí es a ti respirando; y el asesino con el puñal en la mano. Caliéntalo en mi pecho. No mires tras la butaca, que Cortázar tiene una sorpresa para nosotros. Sabes que con la niebla en los ojos, estamos conteniendo otro millar de lágrimas que no esperan ser comprendidas. No quiero que abandonemos algo que ya nos está abandonando a nosotros. Que nunca quiero que te vayas y no quiero que te vayas nunca . Y así te imagino a veces; con los iris agrietados ...
El cómo empieza nos lo conocemos todos; lo difícil es saber cómo y cuándo se acaba. Empieza con la vida rota, con unas costuras descosidas que nadie sabe arreglar; y yo tampoco soy sastre. Empieza con un atisbo de esperanza que cala incluso en el más atormentado, como aquella niña a la que hablaron en su primer día de colegio. Creo que era yo. Empieza con palabras, con inseguridades certeras; empieza mucho antes de saber que ha empezado. Algunas veces casi ha concluido, otras ya ha prescrito, y aún así no ha hecho más que comenzar. Empieza cuando coges un cuaderno, uno sucio, desgarrado y raído que solías garabatear, y lo limpias con lágrimas. Cuando no das nada por ti, cuando no te valoras, ya no importa, no importa. Empieza con la nada dentro de más nada, y flotar en la incertidumbre y en el vacío de tu mente. Cursa con esos momentos donde ni tú te vales. Con desconfianza, con "no entiendo nada" que se te enredan en las pestañas. ...
¿Qué voy a decirte que ya no sepas? Si cuando suspiraste, todo el invierno se concentró entre tus labios. Que hasta los pájaros que se pararon a mirarte, murieron congelados. Que sé que es Noviembre, un mes frío, pero no puede acabarse todo aquí. Que sé que tus fantasmas juguetean entre tus sábanas sin dejarte dormir. Que los recuerdos se te enredan en las pupilas, que un día brillaron como el jaspe, y te atormentan. Pero cariño, No puedes abandonarlo todo al azar. Que nada ha sido nunca fácil para ti, que lo entiendo. Pero no puedes permitir que una tristeza tan grande como la de tus ojos, aflija a todas las estrellas; incluido el sol. Tú, que brillaste como el fuego segundos antes de que lo apagaran. Has volado demasiado alto, como para estar a ras de suelo.
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